Notas Acusmáticas
Por Dení Leds
Reseña de “Live in Prague”
El fin de semana vi el concierto de Hans Zimmer “Live in Prague” del 2017, disponible en Netflix. ¡Totalmente imperdible! Uno de los compositores contemporáneos más trascendentales nos demuestra la importancia del concepto “audiovisual”, del performance, de la calidad del sonido y de la expectación.
El concierto empieza con una secuencia mientras se apagan las luces, acompañada de las palmas de los asistentes. El primero en salir es por supuesto Hans, quien se sienta al piano para interpretar el tema de Driving Miss Daisy, una película de 1989.
Pronto van saliendo los integrantes de su grupo, uno a uno. Clarinete, violines, bajo, batería, chelo, percusiones, acordeón… poco a poco va tomando forma. Surge una gran emoción cuando se descubre por completo el telón, a mitad del primer tema, dando paso a una tremenda orquesta que se encontraba expectante y disimula.
Se trata de un compilado fascinante de los temas más emblemáticos de este gran compositor. El nominado 11 veces al Oscar por mejor banda sonora de las cuales ganó el codiciado premio en 1995 por El Rey León, interpreta las canciones de otras grandes películas como Gladiador, Piratas del Caribe, Sherlock Holmes, El Código Da Vinci, La Delgada Línea Roja, Superman, El Caballero de la Noche, Interstellar y El Origen, entre otras, siempre con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
La actitud de los integrantes de la gran orquesta demuestra la pasión de su interpretación, el compromiso con su música, la conexión con el público y con ellos mismos. A diferencia de las, por supuesto, también grandes orquestas y sinfónicas que acudes a ver a la Sala Nezahualcóyotl o a Bellas Artes, el conjunto musical de Hans goza del virtuosismo de años de estudio pero también del ímpetu de su interpretación.
No se les ve rígidos, al contrario, sonríen, echan relajo entre ellos y se permiten sentir la música como si se tratase de un grupo de rock, donde por cierto, las guitarras eléctricas siempre están presentes. No se respira la solemnidad que exige el silencio de los espectadores en una sala de conciertos de música clásica, sino un aire juerguista, a pesar de la maravillosa perfección con la que se desempeñan estos músicos virtuosos.
Hans Zimmer no solamente es director de orquesta, sino también un multi instrumentista que canta, toca el piano al igual que los timbales, la guitarra o los sintetizadores con buen humor y humildad, recetando historias intercaladas entre cada uno de sus temas sobre la inspiración con la que los creó y de la “pequeña familia” musical que ha construido a partir de estas “pequeñas películas”.
Habla de la importancia de la amistad, de las personas que conocemos a lo largo del camino musical, con quienes decidimos realizar un grupo y hacer música. En su caso, música increíble, literalmente sacada de algunas de las películas más taquilleras de la historia de Hollywood.
“Dos culturas colisionan y se convierte en algo muy interesante”, dice Hans. Y tiene toda la razón. Se aprecian violines “antiguos”, como dice él, seguramente Stradivarius, mientras se combinan con instrumentos electrónicos. Una mezcla perfecta de sonidos acústicos y eléctricos. Un baile magistral donde se encuentran los instrumentos más extraños con amplificadores Fender.
Las luces, así como la oscuridad, son esenciales en su concierto. Cumplen la función de envolver la música. Con colores que refractan la intención de las melodías, se resalta el misterio, destaca la sorpresa y anticipa el estremecimiento. En todas sus obras hay un vaivén de alegría y tristeza, de oscuridad y luz que son muy bien reflejadas en el aspecto visual, pues varios de los integrantes hasta cambiaron de vestuario en más de una ocasión.
Tuve tres momentos favoritos. El primero fue sin duda la interpretación de los temas de Gladiador, película dirigida por Ridley Scott y con la espléndida actuación de Russell Crowe que le valió ganar el Oscar. Hans narra cómo fue invitado por Ridley a musicalizar una de sus obras maestras, logrando una fantástica dupla audiovisual. ¿Quién no se ha estremecido con ese filme?, me atrevería a decir que en gran medida se debe a la increíble actuación de Russell pero también a la maravillosa musicalización.
Hans cuenta que habló con Ridley sobre la falta de un alma femenina en Gladiador, “necesitábamos una musa”, dice, por lo que invitó a la compositora Lisa Gerrard a trabajar en ese factor tan fundamental que explota en la voz de la diva Czarina Russell, quien canta extraordinariamente, como si se estuviera escuchando el disco.
El “duelo de guitarras” a mitad de la película, corre a cargo del intérprete y compositor de diversos scores cinematográficos Steve Mazzaro, de Mike Einziger de Incubus y de Guthrie Govan, guitarrista de Asia, GPS, The Young Punx, The Fellowship y The Aristocrats; así como del propio Hans, quien lleva la guitarra líder en esta conmovedora melodía.
Mi segundo momento favorito fue evidentemente El Rey León, porque más allá de transportarme a mi niñez y recordar el estremecimiento que sentía en mi espina dorsal cada vez que empezaba la película y escuchaba la voz de Lebo M, un refugiado sudafricano que fue literalmente rescatado por Hans Zimmer a través del arte, me di cuenta una vez más de la conexión que se construye en el cine con el espectador a través de la música, y en este caso desde la infancia.
Mi tercer momento favorito fue la interpretación de la trilogía del Caballero de la Noche. De manera muy emotiva, Hans habló de la tristeza que sintió al enterarse de la muerte de Heath Ledger, quien, en sus palabras, recreó una actuación intrépida, increíble. “Quería bajar la intensidad de la música, pensé que quizá era demasiado, pero me di cuenta de que la única manera de mostrar respeto por su actuación, de dar respeto al hombre, era mantener la forma: las hojas de afeitar, el acero, el cristal roto”.
¿Qué sería de un filme sin música? Inclusive el cine mudo tenía música de fondo. He visto incontables películas a lo largo de mi vida y cualquiera que se jacte de lo mismo podrá darme la razón: la trama puede ser muy interesante pero sin un buen score de por medio, la película siempre será un fracaso total.
Me atrevo a afirmar que la música es el alma de las películas, aquello que se encarga de atrapar tus sentidos, de estremecer tu cuerpo de emoción y de ponerte la piel chinita mientras contemplas el desarrollo de la trama. Sí, por supuesto que la dirección, las actuaciones, los escenarios, la edición, todo tiene que ver para crear una buena película, pero indiscutiblemente es la música la que hace conectar las fibras sensibles del espectador para crear un equilibrio perfecto del concepto audiovisual, que Hans Zimmer sabe expresar muy bien en sus conciertos y quien creo que encontró en Christopher Nolan a su dupla perfecta.
Para concluir, me quedo con las palabras de Hans: “llegas a conocer gente muy interesante a través de la música”, esa “pequeña” familia que él dice, compuesta por músicos extraordinarios de un sinfín de nacionalidades. Y por mi parte agregaría que las cosas interesantes siempre llegan a través de la música.




